mar 31 2010
Jerez está muerto

Martes Santo. 00:30 horas. Llamo a un taxi. Tarda 2 minutos en llegar a Lola Flores. Me sorprendo y le pregunto al taxista dónde está la gente y por qué ha tardado tan poco en llegar en una fecha como esta. Joder, con perdón, me tomé el cacharro de un trago…
El amable taxista me dice que Jerez está muerto. A renglón seguido me habla de un 20% de paro y empieza a criticar al guardaespaldas y marido de la alcaldesa. Un señor que no conozco, salvo de vista, y que siempre me sorprendió que estuviera ahí. Imagino que puede asesorar de defensa y seguridad ciudadana pero no le he visto muy fino para elegir los designios de toda una ciudad de 210.000 habitantes.
Soy de los que piensa que Jerez no es Villarrobles de la Boina, de 40 aldeanos con un boticario, un cura y un alcalde. Estando en Sevilla me sorprendía que nadie levantara la voz y se tirara de los pelos de una situación más propia de Villarriba del Trabuco que de una ciudad que quiere ser capital del Planeta Nada. La ciudad no puede ser gestionada como una peña folklórica en la que el marido o la mujer también mandan y cobran por ello. Eso no lo acepta ni una asociación de petanca ¡y aquí se ha mirado para otro lado en el año 2010! ¡¡¡Qué oposición más ridícula!!!
Volviendo al taxista me dice que si quiero ver cuántos coches están parados en la parada de Cristina, que esta es la realidad de Jerez. Lógicamente acepto y, al ver la cifra, decido tomar la pertinente foto, aquí expuesta.
31 coches parados en el Centro un Martes Santo a las 00:36 horas. 23 en la Alameda Cristina. El taxista me dice: “Así está Jerez y el guardaespaldas poco pudo hacer por mejorarlo. Qué desvergüenza”. La alcaldesa debería saber que esto también pasa a la historia de la ciudad, no sólo lo que se firma en el Libro de la Ciudad como si éste fuera un álbum de estampitas con autógrafos del SuperPop. Es muy fuerte ser asesor de un Ayuntamiento con 700 millones de euros de deuda por ser marido o mujer de la que manda. De verdad, que me retuerce las tripas los pagos que hago de numerosos impuestos para este descaro en una ciudad tan grande como tonta…
Quiero recordar que este blog es personal y aquí no hay más interés que el bien común desde mi humilde y, posiblemente, ridículo modo de entender la vida pero, como dice mi amigo José María Castaño: “En mi hambre, mando yo”.
A la hora de expresarme en este blog, antes prefiero ser un jerezano callejero que un ridículo periodista.

