
Fui paje, junto a queridos compañeros, en la cabalgata de Reyes Magos. Fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Desde que me levanté hasta caer rendido en la cama viví un cuento de emociones donde disfruté como el más feliz de los niños el día 6 por la mañana . Esos padres que creen que tiras teles de plasma en lugar de balones, esas madres sonrientes, esos mayores ilusionados, esos abuelos acompañados para variar en su soledad final, esas calles llenas de gentes, ese griterío festivo, esos colores glamurosos, ese chispeante brillo que tiene un niño.
Me encantan los niños y, participar en esta historia fue un encuentro de sensaciones encontradas. Antes de reflejar lo bueno, un dato importante para el año que viene: HACEN FALTA MÁS CARAMELOS. Es ridículo quedarte sin caramelos en una ciudad como Jerez. El problema es que como el año que viene serán otros los que estén, nadie se para a contar que en realidad, hay que dotar de menos regalos y más caramelos al recorrido. Menos paradas y más caramelos sería mi mensaje.
Volviendo al tema de los niños, me marcaron dos momentos. El primero, un crío de unos 4 años que tenía miedo al Rey Mago y, al paje, al ser de menor graduación y, en cierta forma, un operario del sistema Real, pues le temía menos. El crío, en brazos de la madre, me entrega una carta para que se la de al Rey. La guardo con cariño, después de que tomara nota su Majestad, claro.
El segundo fue el mejor. Me quedé cortado y me mantuvo una sonrisa estúpida que aún me dura. Un niño más pequeño, gitanito, en brazos de su madre, me entrega dos pipos (chupetes) en un cordón de plástico azul. El pequeñito me dice “dáselo al Rey Mago, que lo dejo”. Ante mi cara de sorpresa, la madre me añade: “es que mi niño ya es mayor y dejará el chupete porque el REY le traerá muchos regalos”. Le doy al niño una mochila que tenía, un ‘puñao’ grande de caramelos, y nunca olvidaré esa cara, esos ojos brillando con tanta verdad. Sólo por eso, valió la pena.
Luego al hospital a ver a los niños. Las enfermeras locas con el Cantizano,y los niños alucinando con la presencia de los Reyes. En el Sanatorio, los abuelos te esperaban con pasteles, café y zumos. De madrugada, acabas tu jornada muy cansado y muy feliz. Insisto, de los momentos más bonitos de mi vida. Eso sí, el año que viene, al que le toque, que se preocupe de que haya más caramelos. Los que se tiran, son muy pocos.