A muchos puede sorprenderle y, a otros , les sigue sorprendiendo: Yo me visto de penitente. Es más, lo haré en 2 horas. Tengo hasta una túnica propia que me hizo mi madre el año pasado.
No voy a misa, no soy cristiano que participa, no acudo a actos de hermandad… puede que, en realidad, no sea cofrade; pero me visto de penitente en un rato. ¿Qué soy entonces? ¿Por qué lo hago? ¿Para qué?
¿Para no quedar mal o hacerles ‘el feo’ a los hermanos del Huerto, a Pepe Antonio, a Manolito, a la familia Cazalla, especialmente a Maleni, a mi primo Santiago, al Lechuga, al gremio periodístico cofrade? Puede ser.
¿Para participar, por participar en algo? También puede ser.
¿Estaría mejor en la playa tumbado con un daiquiri? Por supuesto que sí.
¿Y por qué me visto de penitente en dos horas? No lo se, pero no puedo faltar.
Es como si ya no pudiera decir que no nunca a este día. Y no me siento feliz, no estoy contento, no tengo ganas de andar, creo que me estoy medio resfriando pero no puedo faltar.
No voy de excursión, me siento como si fueran a examinarme y, además, lo hará el mayor de mis enemigos: yo mismo. ¿Es esto religión? No lo se, pero en dos horas me visto de penitente y es mi cuarto año.